Salímos de casa a las 9 de la mañana, consultando previamente en internet las previsiones meteorológicas. El buen tiempo estaba asegurado, así que el día empezaba bien. La distancia entre Zaragoza y Sallent de Gállego es de unos 190 kilómetros, de los que los primeros 70 no tienen mucho interes, pero al llegar a Huesca el paisaje cambia totalmente y el color verde de la vegetación se apodera de todo. A partir de ahí es cuando piensas que valdrá la pena ir con tal de poder disfrutar de ese entorno, aunque no vendas ninguna camiseta. Poco tráfico y ningún idiota al volante (algo que es raro, porque por esas carreteras se ve cada cosa). Llegamos a nuestro destino a las 11 y pudimos aparcar muy cerca de la zona donde se pone el mercadillo, lo que nos alegró mucho porque nos ahorrabamos una caminata cargados con las bolsas de camisetas y con la mesa. La verdad es que eso significaba que había poca gente, pero en ese momento no pensamos que fuese una mala señal.
Nuestro "puesto" se monta en poco más de dos o tres minutos, así que a las 11:15 ya estabamos listos para vender y además nos habíamos colocado en un lugar en el que daría la sombra durante todo el tiempo. ¡Estupendo! Aunque era sorprendente que fuesemos... ¡Los primeros en ponernos!
La zona en la que montamos nuestro tenderete es donde se instala un mercadillo paralelo no autorizado, digamos que "poco legal" y eso comenzó a darnos que pensar. ¿Y si el día anterior hubo algún problema con la guardia civil y por eso no había otros vendedores? Comenzó a pasar el tiempo y tan apenas circulaba gente. Un par de puestos más se colocarón a 40 metros de nosotros. Ya eran las 12:30 y la cosa no cambiaba. ¿De verdad no se iba a animar aquello? La respuesta era... NO. A punto de dar la 1 del mediodía la situación era la siguiente: 5 puestos de venta, incluyéndonos a nosotros y una circulación de público de unas 3 ó 4 personas por minuto. ¡Qué catástrofe! Pensando, pensando, imaginamos que las razones eran la maldita crisis (por supuesto) y la coincidencia con las fiestas de Teruel y con los Sanfermines de Pamplona. Pero entonces llegarón las primeras ventas. Dos personas coincidieron a la vez en nuestro tenderete y se llevarón una camiseta cada una. ¡Menos mal! Como si alguien hubiese dado la señal, dos minutos después vendíamos otra y casi a continuación otra más. ¡Era un milagro! y más teniendo en cuenta la escasísima cantidad de gente que pasaba por allí. A las 2:30 decidimos ir a comer y una hora después volvimos a la carga. No pensabamos hacerlo hasta las 5, pero viendo la poca gente que había, pensamos que la oportunidad podía aparecer en cualquier momento y no podíamos dejarla pasar. Esta vez se puso a nuestro lado un puesto de fotografías antiguas y su dueño con confirmó que, efectivamente, este año la guardia civil estaba muy estricta y que el día anterior había echado a todos los vendedores no autorizados. Al poco rato aparecieron unos niños que conocían al fotografo y le comentarón que la guardía civil se dirigía hacia nosotros, así que recogimos el puesto a toda velocidad y... decidimos que era arriesgado volver a montarlo. No podíamos exponernos a una multa y aún menos a que nos quitasen las camisetas, de modo que nos marchamos de vuelta a casa, contentos en parte por las ventas de la mañana y algo decepcionados por no poder continuar con la buena racha por la tarde. Lógicamente, tampoco volveremos el próximo Sábado, como teníamos previsto si iba bien la cosa. Os dejamos unas fotos para acompañar este "reportaje".

